(…)
Y es que por más que ella fingía estar bien todos en su barrio sabían que no tenía una vida muy feliz. Se había casado con el supuesto hombre de su vida cuando tan solo tenía 19 años, entonces, ella no pensaba que él sería así. Al ser jóvenes, ella disfrutaba saliendo casi todos los días con él y yendo juntos a visitar nuevos lugares, etc. Después de casados las cosas cambiaron… El supuesto hombre se su vida había cambiado. Ya no era el mismo. Era prácticamente irreconocible. Pasaba de ella, tan sólo iba a casa a las horas de la comida, y algunas noches en las que sus amigos no salían o simplemente a él ya no le apetecía salir, y numerosas cosas más habían cambiado.
Dicha pareja vivía en un barrio en el cual todos los vecinos se conocían y eran partícipes de las vidas ajenas. Todos los vecinos tenían entendido que él estaba con otras mientras ella se quedaba en casa limpiando o haciendo tareas del hogar. Vivían con el dinero que les dejaba los padres de ella. Él no trabajaba, se dedicaba a salir con sus amigos y a gastar el dinero.
Últimamente se rumoreaba mucho que ella estaba embarazada, cosa que era cierta. Él pensaba que tan solo eran rumores como otros de los muchos creados por los vecinos cotillas que el barrio tenía.
Las amigas de ella sabían que no era feliz con la vida que estaba teniendo, e incluso sabían que cuando él llegaba borracho a casa en las pocas noches que iba a dormir no era la primera vez que le pegaba por sencillas tonterías como por ejemplo el no tener una botella de vodka en casa. Cosas estúpidas, pero cosas que hacían que él se llenara de ira junto con su borrachera y pagara dichas tonterías con ella. Las amigas (de ella) le aconsejaban que lo denunciara, pero ella prefería ignorar los hechos acontecidos escondiéndose en un simple: es culpa del alcohol.
A menudo que iban pasando los días, ella se planteaba el decirle a él que estaban esperando un bebé. Pero en todo momento pensaba que era una mala ocasión por simple miedo a la reacción que él tendría. Pasó un mes, y después de unas cuantas noches de paliza tras paliza ella decidió contárselo arriesgándose a afrontarse a la reacción obtenida.
Al final se lo contó. (…)
En los últimos días nadie sabía nada de ella. Como era de suponer en el barrio esta vez le había metido una paliza de las peores, ya que el día en el que se lo contó el hombre no estaba muy sobrio.
Pasaban los días y nada se sabía de ella. Sus amigas, ya preocupadas, decidieron llamar a la policía y contarle lo que sabían.
Efectivamente, cuando la policía fue a la casa se la encontraron en la bañera, toda sangrienta, y con un moratón en la cabeza. La conclusión que sacaron es que él la había matado.
Unos meses más tarde…
Llegó el juicio sobre el asesinato dicho asesinato. Cuando el juez llamó al acusado a declarar las únicas palabras que salieron de la boca de este fueron: No me gustan las bromas, y pensé que estaba bromeando, aparte estaba de malas. Pero no quería que esto acabara así, tampoco le di tan fuerte.
Lo que él no sabía es que ella no estaba de broma. Estaban esperando un hijo y los había perdido finalmente a los dos. Finalmente se arrepintió de no haber valorado lo que de verdad tenía. Al hombre le cayeron 23 años de prisión por asesinato en primer grado.
Las amigas de ella estaban muy arrepentidas de no haber contado nada de lo que sabían antes de que todo esto hubiera sucedido.
El hombre se dio cuenta de que UNO NO SABE LO QUE TIENE HASTA QUE LO PIERDE.
