Sí, los recuerdos permanecen, pero el lastre emocional que suponen se desvanece, el pasado puede ser una carga pesada, muy pesada. Me ha costado llegar a este punto, han sido meses duros, en los que he visto el cielo oscuro, tapado por nubes de incertidumbre, de dolor… pero hoy el sol las deslumbró, adiós. Se acabó. He logrado que mi corazón vuelva a ser independiente de cualquier sonrisa, he conseguido perdonarme esos errores que golpeaban en mi cabeza, pasos equívocos que dejaron manchados mis zapatos, pero el camino los ha renovado. No permitiré que el pasado empañe mi futuro, trataré de mejorar lo que empeore y de inventar lo que olvidé, de recuperar emociones que perdí por el camino. Ahora mi guía es el reloj, y no las fotos, mis expresiones son sonrisas y no lágrimas, los pronombres se centran en ese ¨yo¨, que perdí por el ¨tú¨. Y los recuerdos permanecerán, las personas cambiarán y el reloj no parará, pero es tan bonito lo que nos queda por vivir.
lunes, 10 de septiembre de 2012
Y es que tarde o temprano sucede, llega ese momento en el que añoras prácticamente todo tu pasado. Las cosas funcionaban mucho mejor cuando eramos simples críos, que de lo único que nos teníamos que preocupar era de no romper la ropa en el parque, o de no perder el cubo o la pala que llevábamos para jugar. Pero el tiempo avanza, la gente cambia, y el paso de los años no perdonan. Nos hacemos mayores y poco a poco nos vamos dando de cuenta de que cada vez debemos ser más responsables, cosa que a veces se nos va de las manos.Tenemos que atender a labores en casa, a clase, etc. Y es así, sin comerlo ni beberlo nos encontramos en una edad en la que nos damos de cuenta de que echaremos de menos nuestro pasado, nuestras costumbres, costumbres que rara vez volverán. Eses juegos de la goma en el parque, o la game boy, o simplemente; el tamagochi. Son cosas que nos recordarán por siempre a nuestra infancia.
Y es que todos alguna vez desearíamos ser como Peter Pan.
Niños por siempre, no crecer nunca.
Malos momentos supongo...
Siempre llega ese momento en el que todo se te va de las manos, ese momento en el que piensas que ya nada vale la pena para seguir luchando. Piensas que todo va mal, y que ya está, que tu vida hasta aquí ya no tiene nada más. Pero entonces es cuando te paras, recapacitas y piensas. Todo lo bueno que tenemos en esta vida supera a las cosas malas de la misma. Tiene sus malos momentos, si, pero... ¿el tiempo todo lo cura no? O al menos eso dicen. Vasta con pensar, pensar en lo que tenemos, las cosas malas solo son chorradas que no se pueden ni comparar con todo lo bueno que nos da la vida. Todos tenemos na familia a la que no cambiaríamos por nada (aunque en algunos momentos te den ganas de hacerlo); amigos, esas personas en las que puedes confiar y desahogarte cuando tienes algún problema; enemigos, aquellos a los que dar envidia tan solo por.. no lo se la verdad, ¿joder?. Algunos también tenemos pareja, dicha persona que te cuida y te quiere, y está ahí cuando necesitas su apoyo. No se la verdad como funciona este mundo, pero si que sé como funciona mi corazón y el de alguna gente.. a veces pensamos que ya nada tiene solución, pero vasta con no tirar nunca la toalla, NUNCA. Si hay algo que debes hacer en la vida es luchar, luchar hasta no poder más, no rendirse. Las malas rachas se van, los buenos momentos prevalecen.
domingo, 9 de septiembre de 2012
El mundo, él y yo. Un 27.
Después de varios días chateando y tomándonos el pelo el uno al otro pasamos al momento tonteo. Cada uno de nosotros le tomaba el pelo al otro, con la mínima intención de fastidiar, si no de llamar la atención. Todo fue perfecto, la verdad, sí. Era el chico perfecto, el que me merecía. El que desde hacía tiempo me estaba mereciendo encontrar. Las cosas se complicaron algo en el medio; pero ... ¿donde está lo interesante de esta vida sin riesgo de por medio? Todo iba viento en popa, por así decirlo. Una frase comenzó a hacerme ver las cosas de otra forma... esa frase de: +Un pajarito me dijo que haríais buena pareja -Me gusta ese pajarito. Era todo como en mis más grandes sueños. Pasaron días, semanas, meses de puro tonteo. Llegó el momento, esa apuesta que haría cambiar prácticamente la visión de todo. Una apuesta en la que nos jugábamos nuestro primer beso. A partir de ahí, todo cambió. Creo que todo estaba más claro. Si ambos estábamos dispuestos a apostarnos un beso era porque tanto no nos importaba besarnos, o simplemente, sabíamos que nos gustaría. El momento del beso, algo... como decirlo, presionado. Había mucha presión encima por lo que se jodió el momento, el momento perfecto para dar el paso. El último día, ese 27. Decidimos quedar para hablar del tema, ya que el día anterior las cosas no habían sido las esperadas. Después de tragar toda la vergüenza que podría pasar allí estábamos, los dos. Todo era perfecto. El mundo, él y yo. Nuestro mundo. Estábamos hablando cuando una frase lo cambió todo: ¿Y si te beso, que pasaría?. Ya está, ahí comenzó todo. Fue el mejor beso del mundo, os lo aseguro. Ese beso que hoy en día no se puede describir, no tengo palabras para hacerlo. Solo sé que desde aquel momento las cosas han cambiado, y han cambiado para mejor. Casi 6 meses. En todo este tiempo creo que ambos hemos aprendido lo que es querer a alguien, querernos. Los dos nos merecíamos estar juntos, la verdad, la gente que no vale la pena sobra en nuestras vidas. Desde ese 27 hemos visto las cosas de la forma más positiva que se haya podido hacer. Desde ese 27; cambió mi vida, y la de ÉL.
Mi 27.
Mi vida, mi Todo.
ÉL.
Un maldito 27 que me cambió la vida. Un simple número que me recuerda el mejor momento de mi vida, cuando él entró en mi vida.
De todas las cosas que ya sabes, creo que la única que no te he dicho ha sido: GRACIAS, en serio.
Lo mejor, sin duda. 27L.
De todas las cosas que ya sabes, creo que la única que no te he dicho ha sido: GRACIAS, en serio.
Lo mejor, sin duda. 27L.
viernes, 7 de septiembre de 2012
sábado, 1 de septiembre de 2012
Y si...
Si cada vez que pienso en ti se apagara una estrella, el universo quedaría vacío. Cuando estas entre mis brazos es como tener el mundo entre ellos. Tus ojos, como de un relámpago me deslumbran, de su radiante belleza. Si tus ojos sólo vieran el fuego de este planeta, difícil que en mi te fijes hasta que la ceniza encienda y de negro te tizne. El amor es como una abeja, primero te pica y luego te deja. Si te tengo que regalar algo, te regalaría un espejo porque lo más bonito después de ti, es tu reflejo. Si fueras una lágrima no lloraría, por miedo a perderte. Te quiero y no te quiero son dos palabras iguales, te quiero, para ti y no te quiero, para nadie. Si paso por tu lado y no te saludo no lo tomes como enojo que los amores que se quieren se saludan con los ojos. Me gusta tu sonrisa, me gusta tu mirada, me gusta reconocer, que de mí estas enamorada. La noche que voy a verte siempre voy con alegría, porque voy con la esperanza que tú tienes que ser mía. Le pregunte a un ángel cual es el peor castigo y él espondió: amar y no ser correspondido.
Carta de una madre a su hija.
Carta de una madre a su hija: Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme. Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” solamente escúchame por favor. Y recordar los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida. Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña. Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada. Recuerda mi querida, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida. El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme. Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante. Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches. Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos. Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor. Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré. Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija.
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